El rechazo mayoritario que finalmente fue logrado en la Cámara de Senadores el 23 de agosto pasado con relación al proyecto de ley que busca crear la Superintendencia e Inversiones de Jubilaciones y Pensiones, obedeció fundamentalmente a la enorme movilización que se registró a nivel país.
La movilización fue definitiva para frenar el manoteo a los fondos jubilatorios y salvar, por de pronto, el Sistema de Seguridad Social y la autonomía y destino de las distintas Cajas.
Sin dudas, la victoria genera entusiasmo y fortalece a nuestra clase para seguir alerta y peleando. Se alcanzó una victoria importante con un ejército de trabajadores que muestra ánimos para recomponerse y varios enemigos que no terminan de acomodarse en el inicio de este nuevo periodo.
El 23 de agosto se logró una amplísima unidad de acción para movilizar al conjunto de la clase trabajadora, con excepción del Paraguay Pyahurá y otros aliados que volvieron a ostentar su dañino sectarismo.
Es necesario interpretar correctamente los elementos que jugaron para esta importante victoria, sin exaltaciones y valorando como es debido el enorme esfuerzo hecho por el conjunto, para sacar así las claves del logro y la necesidad de ajustes en la organización y la política.
Un proceso que no estuvo ajeno de dificultades y dudas. En efecto, la dirección que se conformó luego de la gran movilización del 7 de junio pasado donde miles salieron a repudiar el proyecto de ley que ya tenía media sanción en Diputados, mostró vacilaciones y realizó movidas que generaron dudas razonables en todo el movimiento.
Por un periodo, en efecto, el movimiento quedó como paralizado. Además, hay que decir, que algunos dirigentes con antecedentes nada buenos en cuando a lealtad a la clase trabajadora generaron desconfianza. En contrapartida, sin embargo, también hay que destacar que al calor de la organización es esta lucha se fue construyendo confianza entre algunos dirigentes y organizaciones y que sientan un buen precedente para futuras acciones en común.
La presión de las bases fue logrando que el espíritu derrotista, que había ganado terreno, fuera superado, y se hay podido organizar una movilización nacional con el resultado positivo ya mencionado.
Al interior de la burguesía también había divisiones. En el negocio de la superintendencia el empresariado industrial no estaba convidado, éstos levantaron la voz y plantearon su negativa que en las condiciones de su redacción y orientación sea aprobada.
La Iglesia Católica, también subió a la ola del rechazo que se estaba generando y alentó y/o dejó correr un paro en los principales centros educativos del país donde tienen influencia. El interés de la iglesia se podría entender a partir de que necesita de alguna manera lavarse la cara ante la lluvia de denuncias sobre casos de pedofilia tanto a nivel internacional como nacional, por lo que ante una demanda muy sentida por el pueblo trabajador se colocó como auspiciante de la lucha.
Una enorme victoria a puertas de varias batallas. La victoria lograda por la movilización, que sólo en Asunción reunió a unos 13 mil trabajadores, como contrapartida significó un duro traspiés para el gobierno. Es una victoria relativa ya que se debe entender que el gobierno de Marito necesita toda la plata posible y volverá a insistir en la aprobación de alguna Ley similar a como dé lugar.
Por su parte, la clase trabajadora debe aprovechar el momento para organizarse, reorganizarse para acometer varias batallas necesarias que están en la agenda del movimiento. Se debe alertar, en este marco, contra las viejas y dañinas tendencias de entregar las conquistas logradas con la movilización y en las calles en las inútiles mesas de negociaciones o de diálogo.
Amplitud y Unidad para luchar porque es el momento de salir con todo pero libres de dirigentes escombros y mesas de diálogo que sólo sirven a los capitalistas y su gobierno.
PT. Ago18.

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