Ante el paroxismo discursivo de la eventual vuelta de la dictadura si gana Marito, se vuelve necesario explicar lo que en apariencia resulta obvio, para decir, si estamos o no ante la inminencia de que se configure un régimen de corte fascista, y esto, porque uno de los candidatos presidenciales (Abdo Benítez) reivindica el régimen de la dictadura de Stroessner. Incluso se vuelve necesario explicar si un eventual gobierno como el de Marito se configuraría en uno de fisionomía bonapartista.

En primer lugar, cabe aclarar la distinción entre gobiernos de carácter fascista y los bonapartistas, pues ambos tienen elementos comunes pero no idénticos. Ambos implican un sistema de gobierno autoritario del régimen burgués para administrar el Estado capitalista, pero con características diferentes y, al mismo tiempo, no siendo categorías lógicas incompatibles.

Así como el bonapartismo comienza combinando el régimen parlamentario con el fascismo, el fascismo triunfante se ve obligado a constituir un bloque con los bonapartistas y, lo que es más importante, a acercarse cada vez más, por sus características internas, a un sistema bonapartista. (Trotsky, 1934)

El advenimiento de dictaduras supone un tipo de gobierno que cambia el régimen burgués –ordinario- del Estado capitalista. Esto se da porque quien gobierna se desenvuelve a través de determinadas instituciones (Junta militar, cúpula partidaria con composición militar/policial, etc.) y por determinados periodos.

Por otra parte, una dictadura de corte fascista supone el aplastamiento (o intento) de la clase trabajadora con métodos de guerra civil, terrorismo de Estado para el disciplinamiento social y, en consecuencia, trastoca sustancialmente las instituciones del régimen democrático burgués, las evapora. Es decir, en determinados momentos, en un clima en el que se combina –desigualmente- una profunda crisis económica, política y social; las que a su vez suponen fuertes disputas interburguesas, el ascenso del proletariado organizado, la incapacidad de controlar al movimiento de masas, un discurso demagógico que sostiene la base social fascista y el vuelco virulento de la pequeña burguesía contra el proletariado, todo lo cual, genera que una facción ultra reaccionaria de la burguesía irrumpa para sofocar y estrangular al movimiento con los métodos e instituciones señalados.

Un gobierno bonapartista, por su parte, se manifiesta por el traspaso de un régimen democrático-burgués a uno más totalitario, autoritario, represivo, pero que no aplasta a la clase obrera con métodos de guerra civil; en ese sentido, es una reacción contra el régimen democrático y sus instituciones, que, sin demolerlas, actúan restringidamente. El Bonaparte se coloca para controlar al proletariado, a las distintas expresiones parlamentarias burguesas y a la facción ultra reaccionaria representada por las expresiones fascistas.

El gobierno de Cartes fue un gobierno con fuertes rasgos bonapartistas, con determinadas características; fue autoritario, ligado estrechamente a la mafia gansteril, al empresariado más repulsivo, logró la cooptación de las cámaras parlamentarias, mantuvo las instituciones -democrático burguesas- pero endureció el régimen; esto se expresó en un proceso regresivo en cuanto a la vigencia de instituciones democráticas. Sin embargo, las características del gobierno Cartes no nos llevó a decir que se instaló una dictadura, pero sí que tenía un corte bonapartista.

El poderío del gobierno Cartes se reflejó en el ímpetu suficiente para arremeter con todo a la clase trabajadora, doblegarla y disciplinarla vía la criminalización de la protesta y otros medios (cooptación, maniobras jurídico-administrativas para ilegalizar huelgas y sindicatos), para luego entrar en un curso desfavorable a partir de una serie de hechos –fuertes disputas inter-burguesas y la movilización de sectores estratégicos de la clase trabajadora- que lo debilitó progresivamente.

Ahora bien, en el eventual caso de una victoria de Abdo Benítez, quien no sólo es hijo de una figura del régimen estronista, sino un reivindicador de la misma, éste hecho -de manera aislada- ¿Generaría la instalación de una dictadura fascista?, ¿Vivimos un ascenso del movimiento de masas que marca una situación pre-revolucionaria o revolucionaria?, ¿La lucha de clases tiene una dirección revolucionaria que amenaza a la burguesía y ésta debe buscar los mecanismo para aplastarla?, ¿Los conflictos inter-burgueses llegan al punto de ser considerados irresolubles por las vías normales que tornan necesario golpes palaciegos entre sus propias fracciones? Nada de esto ocurre en nuestro país actualmente.

Un gobierno de Abdo Benítez no tendría necesidad siquiera de constituirse en bonapartista, al menos, de buenas a primeras, para aplicar el paquete de medidas para seguir enriqueciendo a una minoría en detrimento del pueblo. Sin embargo, con relación al gobierno Cartes, el de Marito sería relativamente más fuerte, en el sentido de representar una expresión mucho más consolidada tanto para afuera como al interior del partido colorado, al ser una concepción más tradicional en la administración del régimen y el Estado capitalista por lo dicho en el apartado precedente.

En ese sentido, sería un gobierno típico burgués que aplicará las recetas neoliberales sin necesidad de hacer mutar el régimen para ello, al menos, si no se dan situaciones extraordinarias que coloquen a la clase trabajadora en una situación de rearme político-programático independiente y lo enfrente con una dirección revolucionaria que no sólo amenace frenar sus planes, sino avanzar en conquistas. De no mediar dichas circunstancias no le será necesario constituirse en el nuevo Bonaparte.

Lo dicho, por supuesto, no significa que no vaya a reprimir la resistencia a las medidas neoliberales que sin dudas se tomarán, pero de allí no se infiere que deba exceder a lo que típicamente se hace en el contexto democrático burgués ante la protesta social.

Cuando se entra en estas disquisiciones sobre la caracterización de determinados gobiernos debe considerarse su ubicación, no a partir de un esquematismo deductivo vulgar, sino del estudio científico de la realidad, de la caracterización política de los actores que entran en disputa, de la situación de la lucha de clases a nivel nacional e internacional, la constatación o no de una solvente dirección política revolucionaria del proletariado, la situación internacional en que se desarrolla la crisis del capital financiero, etc. “No estamos tratando con inflexibles categorías lógicas, sino con formaciones sociales vivas que presentan peculiaridades extremadamente pronunciadas en los distintos países y etapas” (Trotsky, 1934).

Por todo esto, nosotros no caemos en esa falsa dicotomía Marito es la dictadura y Alegre la democracia con la que pretende instalarse como algo distinto la refritada alianza (PLRA-FG). Es una propaganda no solamente poco seria, sino que no resiste al análisis en términos políticos.

Un gobierno como el de Marito será un consecuente agente del imperialismo, tal como el de Alegre, más allá de los matices que puedan diferenciarlos y que no hacen a la caracterización central que define a ambos. Cualquiera sea el gobierno que asuma en agosto, actuarán en consonancia con las políticas necesarias para garantizar el pago serial de la deuda externa y viabilizar las políticas ineludibles para continuar con la entrega del patrimonio estatal vía privatización y otras medidas antipopulares.

“…Es inevitable que entre la democracia parlamentaria y el régimen fascista se interpongan, una después de otra, ya sea “pacíficamente” o a través de la guerra civil, una serie de formas transicionales. Si queremos permanecer a la vanguardia y no quedarnos atrás, debemos tener en cuenta que cada una de estas formas transicionales exige una correcta caracterización teórica y una correspondiente política del proletariado (…) El que se mueve en el terreno de la teoría en base a categorías abstractas está condenado a capitular ciegamente ante los acontecimientos…” (Trotsky,1934).

Referencias  

1) Revoluciones del Siglo XX; Moreno, Nahuel; (1986): https://www.marxists.org/espanol/moreno/rsxx/index.htm

2) Sobre el fascismo y el bonapartismo; Trotsky, León; 1934: The New International.

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