Por Eduardo Aguayo

Dos opciones de derecha entran en disputa y mucha gente valiosa, luchadora, trabajadores y trabajadoras se ponen en las tesituras más diversas. Algunos con análisis más calibrados, otros realizando dicotomías extremas en la que una opción representaría la dictadura más feroz y el otro un gobierno más “progre” porque media la “agenda del Frente Guasú”; otros que no entran en la paranoia esquizofrénica de la dictadura, pero apuntan que un gobierno de Marito será más autoritario que lo que pueda significar el de Alegre, el cual sería una derecha más débil, condescendiente en algunos aspectos.

Más allá de las diferencias de consideraciones, ambas posiciones tienen en común que la alianza GANAR se caracterizará como un bloque gubernista frágil que nos colocará en mejores condiciones a los de abajo para recomponer nuestras organizaciones y retomar el camino de la lucha. Una lectura ingenua y simplista, pero sobre todo cargada de una amnesia inaudita atendiendo a la experiencia cercana que hemos vivido.

Detrás de las justificaciones de las diversas posiciones están personas en apariencia aturdidas por la complejidad coyuntural, por las presiones de las instituciones del régimen a las que dicen combatir, pero a la que sucumben una y otra vez con la misma salida, el mal menor. Es cierto que en política no todo es blanco y negro, es cierto que no se puede absolutizar y decir que ambos proyectos son estrictamente iguales, pero la lectura debe ir más allá de encontrar los matices que diferencian a espacios políticos que ni siquiera son nuestros y sobre todo partiendo de elementos de la realidad, no de especulaciones para distinguir lo que los diferencia.

Algunos argumentos para el voto útil

El argumento más fuerte con que algunos se inclinan a votar por la Alianza es que de no hacerlo la opción que aterrizará será el neo-stronismo con Marito. Si bien no existe una delimitación precisa de esta categoría, sería una nueva forma de autoritarismo que recrudecerá aún más el régimen de lo que hizo Cartes. El único elemento para advertir ese pronóstico es que Marito es hijo del ex secretario privado del ex dictador y que tiene posiciones políticas no sólo conservadoras, sino absolutamente retrógradas. Lo dicen tan firmemente como si estas dos características no sean propias del 99 % de los colorados, sean o no estronistas y de muchos liberales empezando por el propio Alegre, salvando las distancias entre ambos, claro.

Por otra parte, dicen que con Marito los estronistas van a copar nuevamente los espacios de poder. Esto sencillamente es desconocer que en todos los gobiernos colorados estuvieron no sólo añoradores y simpatizantes fervientes del régimen dictatorial, sino gente directamente ligada y beneficiada durante la dictadura. Eso no quiere decir, por supuesto, que todos los gobiernos colorados anteriores fueron idénticos, pero esa circunstancia de ser el hijo de… es un argumento poco serio para decir que ello, por sí solo, reconfiguraría un régimen político del tipo dictatorial o con corte autoritario.

La preocupación más seria

Los que reflexionan más a fondo dicen que no será la vuelta del estronismo propiamente, pero será la continuidad del gobierno de Cartes en toda la línea y que, en consecuencia, será menos favorable un gobierno de Marito para recomponer a las organizaciones de la clase trabajadora. Veamos los antecedentes: la oposición colorada a Cartes, encabezada por Marito, en los hechos -más allá de que haya sido una mera pose oportunista- fue más consecuente de los que debieron ser oposición en su momento, como los llanistas del PLRA y el FG, quienes acompañaron el proyecto que habilitaría a Cartes a la reelección, justificando -el FG- que ello era un paso audaz para colocar a Lugo nuevamente en el gobierno y que la sagacidad para ello no fue comprendida.

El disciplinamiento social logrado por Cartes, con un gobierno con fuertes rasgos autoritarios, en los hechos no será una necesidad para un eventual gobierno de Abdo Benítez a fin de profundizar la política neoliberal, la cual, se desarrolla sin corte y sin pausa hace por los menos 30 años. Nadie explica de dónde nacería la necesidad de Abdo Benítez para constituirse en un gobierno que deberá endurecer aún más el régimen para aplicar el paquete de medidas para seguir enriqueciendo a una minoría. En última instancia, un gobierno con Marito será la continuación en términos estructurales del mismo proyecto, pero bajo otras formas, como lo sería uno con Alegre; pero no cabe seriamente plantearse una mutación del régimen con uno u otro.

Los colorados de viejo cuño, asesores de Marito, encabezados por Calé no son José Ortiz, Canillas y cía que junto a su jefe Cartes monopolizaron los negociados para la nueva elite colorada, generando fricciones y fracciones entre los mismos colorados, además de todas las torpezas políticas del impresentable de Horacio Cartes. Ahora bien, otra cosa es comparar las fuerzas de uno y otro en términos políticos; un eventual gobierno como el de Marito sería relativamente más fuerte, en el sentido de representar una expresión mucho más fortalecida del partido colorado, al ser una concepción más tradicional en la administración del aparato estatal y su burocracia corrupta. Eventualmente tendrá mayor oposición de acuerdo a como quede configurado el poder Legislativo, pero conociendo la tradición de la oposición, ésta tiene bajo precio y muy pocos escrúpulos.

Marito tendría al frente la tarea de administrar el Estado bajo un gobierno típico burgués, durante el cual, aplicará todas las recetas neoliberales sin necesidad de hacer mutar el régimen para ello, al menos, si no se dan situaciones extraordinarias que ubiquen a la clase trabajadora en situación ofensiva. Esto, por su parte, no significa que no vaya a reprimir la resistencia a las medidas neoliberales, que sin dudas se tomarán, pero enmarcadas en las que típicamente se hace en el contexto democrático burgués ante la protesta social.

¿Es necesario votar al mal menor para luego reconstruir nuestras fuerzas?

Para algunos compañeros y compañeras, organizar al proletariado sólo puede ponerse en perspectiva de construcción en tanto y en cuanto obstruyamos la llegada de una expresión de derecha más virulenta y, en consecuencia, ayudemos a colocar en el escenario político “como táctica” una expresión de derecha más blanda, que nos permita organizarnos para encontrar nuestra salida; una lectura ingenua y sobre todo completamente funcional.  

El mal menor como salida indesviable en la coyuntura inmediata deja a un tiempo indefinido, a un plazo que ya ni sabemos si sólo es largo o infinito, construir y organizar políticamente a la clase trabajadora. Reorganizar a la clase y a sus organizaciones dependerá, en última instancia, de la capacidad de la vanguardia para poder nutrirla de un dinamismo que la haga recuperar su funcionamiento orgánico y, al mismo tiempo, que la dote de las políticas correctas para deshacerse de los viejos cascarones burocráticos y salir a luchar, pero de modo alguno, en esta coyuntura, se supedita a elegir por uno u otro candidato de la derecha.  

A nadie parece inmutarle ¿Por qué tanta gente sólo se resigna a mirar, una vez más, cuál opción de la derecha es menos dañina? Pero sobre todo debemos preguntarnos ¿Por qué no hemos sido capaces en todos estos años de construir pacientemente una opción electoral genuina de las y los trabajadores, con un programa clasista, revolucionario y socialista? ¿Por qué no hemos podido construir un frente o movimiento amplio de la
clase, independiente, democrático y clasista; y en consecuencia, que no tolere un solo empresario, un solo terrateniente, un solo representante de los partidos que nada tienen que ver con la vida de millones?. Como se sigue igual que antes, hoy, en el mismo rodeo, se busca la misma salida (1).

¿Cuándo hacemos un frente único y contra quién?

Si en realidad estuviésemos delante de un eventual cambio del régimen político (democrático burgués) por uno de corte bonapartista (autoritario, que restrinja las instituciones “democráticas”) o incluso fascista, la tarea sería no sólo hacer un frente único con todas las organizaciones para salir a luchar a las calles, sino incluso en el plano electoral para frenar el avance de un proceso regresivo, pero esa no es la situación actual.

Necesitamos organizar a la clase trabajadora de manera independiente, con un plan de luchas bajo un programa clasista para enfrentar a cualquiera de las dos expresiones de la derecha que se presentan como antagónicas y poner como norte estratégico el socialismo.

1 El concepto de mal menor es uno de los más relativos. Enfrentados a un peligro mayor que el que antes era mayor, hay siempre un mal que es todavía menor aunque sea mayor que el que antes era menor.  Todo mal mayor se hace menor en relación con otro que es aún mayor, y así hasta el infinito. No se trata, pues, de otra cosa que de la forma que asume el proceso de adaptación a un movimiento regresivo, cuya evolución está dirigida por una fuerza eficiente, mientras que la fuerza antitética está resuelta a capitular progresivamente, a trechos cortos, y no de golpe, lo que contribuiría, por efecto psicológico condensado, a dar a luz a una fuerza contracorriente activa o, si ésta ya existiese, a reforzarla.” [Gramsci. Quaderno, 16 (XXII)

 

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